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Juan Sisinio Pérez Garzón
 
 
Juan Sisinio Pérez Garzón actualmente es catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad de Castilla-La Mancha y hasta el año 2000 fue científico titular en el CSIC. Ha investigado la historia social y política de la España contemporánea. Entre sus primeros libros destacan Milicia nacional y revolución burguesa (1978) e Historiografía y nacionalismo español, 1834-1868 (1985); entre los más recientes, Isabel II: los espejos de la reina (2004), Las Cortes de Cádiz: el nacimiento de la nación liberal (1808-1814) (2007) y, con Eduardo Manzano, Memoria Histórica (2010).



     
 

Entrevista a Juan Sisinio Pérez Garzón

Claves para entender las Cortes de Cádiz



1. ¿Por qué la importancia de aquellas Cortes?
Porque en las Cortes de Cádiz está el origen de lo que hoy llamamos una sociedad moderna basada en las libertades ciudadanas. España fue uno de los primeros países en dotarse de una Constitución basada en los principios de soberanía nacional, división de poderes y derechos individuales.


2. ¿Quiénes fueron los diputados de aquellas Cortes?
Fueron más de trescientos, más de la mitad con profesiones liberales y funcionarios del Estado, como abogados, profesores, militares y escritores, seguidos de 94 eclesiásticos. El resto eran comerciantes, propietarios y también aristócratas. Una mayoría de los diputados tuvo un horizonte de vida clasificable como burgués, pues defendían la prosperidad nacional basada en la privatización de tierras eclesiásticas y señoriales, y preconizaban la libertad de comercio e industria. Lo más importante, por primera vez hubo diputados de América, Filipinas y de las islas Canarias y Baleares.

3. ¿Todos los diputados pensaban igual?
Desde fines del siglo XVIII había en la monarquía hispánica dos grupos: los partidarios de las reformas para modernizar España y los opuestos o reaccionarios a tales cambios. Esto se hizo patente en los debates de la Cortes. Hubo dos grandes grupos, los absolutistas, opuestos a toda reforma, que fueron calificados como «serviles», y los liberales, defensores de establecer una sociedad basada en el principio de la libertad. A estos se une un tercer grupo, el de los americanos, en su mayoría partidarios de las reformas y también defensores de una autonomía en el gobierno de los diversos territorios americanos.

4. ¿Por qué es tan extensa la Constitución?
La Constitución de 1812 fue un texto largo porque había que cimentar con precisión el nuevo edificio de una España liberal. Del total de 384 artículos del texto, se dedicaron 250 a reglamentar el modo de votar. No podía ser de otra forma. Al subvertir siglos de historia de poder absoluto, había que darle rango constitucional al proceso por el que la nación se expresaba a través del voto de ciudadanos libres. Querían dejar bien atado que todo el poder legislativo pertenecía a la nación y eso se plasmaba en la revolución del voto. Eso sí, votarían los varones mayores de 25 años, las mujeres ni se mencionaron.

5. ¿En qué principios se basó el texto constitucional?
No empezó con una declaración de derechos humanos. Estos se desgranaron a lo largo del texto, porque la prioridad fue definir la nación. Había que darle cohesión a la diversidad de tierras y gentes que sucesivas guerras y herencias habían sumado en una misma monarquía. Por eso el primer artículo declaraba que «La Nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios». Por tanto, la existencia de la nación era lo sustancial y los derechos y libertades de los ciudadanos eran parte de esa nación. Sin duda, el eje del liberalismo fue el concepto de nación soberana, tal y como había ocurrido en las revoluciones de Inglaterra, Estados Unidos y Francia.

6. Entonces, ¿hubo influencias de otros países?
Lógico, las ideas no tienen fronteras. Sin embargo, los liberales tuvieron que decir que las Cortes se limitaban a rescatar las libertades arraigadas en el «ser de la nación española», sepultadas durante largos siglos por el absolutismo. Argüelles explicó que la Constitución se limitaba a recuperar viejas leyes, pero afortunadamente no fue así. Esto fue un escudo para defenderse de la acusación de extranjerizantes o «afrancesados» que les echaban en cara los reaccionarios absolutistas.

7. Pero las Cortes, ¿solo hicieron la Constitución?
Al contrario, en tres años desplegaron una enorme actividad legislativa, más de cien decretos que significaron los cimientos de una nueva sociedad. Recordemos algunos: ante todo, el de libertad de imprenta, que permitió abrir España a todas las ideas; luego, el de abolición de la Inquisición; trascendental fue el decreto de abolición de los señoríos, muy debatido y con muy profundas consecuencias sociales; otro decreto repartió los bienes comunales entre los soldados y campesinos sin tierras; también se decretó la abolición de las encomiendas y de la mita que subyugaban a la población india en América.

8. Y los ciudadanos, ¿solo tenían derechos?, ¿no se establecieron deberes?
Tres deberes sobre todo. Primero, el servicio militar para defender la patria, que ya era no del rey sino de todos. Segundo, pagar impuestos según la riqueza de cada uno. Tercero, el deber de instruirse, y se creó por primera vez la obligación pública de montar una escuela de primaria en todos los pueblos para erradicar el analfabetismo. Baste recordar que el 93% de la población era analfabeta. Esos deberes se resumían en una frase que se ha hecho famosa: tenemos la obligación de «ser justos y benéficos». Era la síntesis de los valores que debían guiar al ciudadano, aunque algunos autores hayan ironizado sobre esta obligación cívica.

9. ¿Y por qué fracasó entonces?
No fracasó, fue derrotada por un golpe de Estado absolutista en 1814, pero los principios anudados en Cádiz siguieron vivos. La Constitución se restableció sin derramamiento de sangre en 1820 y tan arraigado estaba ya el liberalismo que fue un ejército extranjero enviado por las potencias absolutistas el que tuvo que quitar, en 1823, a los liberales para darle todo el poder al rey. Cuando este murió, en 1833, la propia corona tuvo que encomendarse a los liberales para poder gobernar. Desde entonces, hubo distintas formas de entender el liberalismo, pero España entró de modo irreversible en la senda de la Europa liberal.

10. Más en concreto, ¿qué quedó de aquella Constitución?
Quedaron dos principios básicos: la soberanía nacional y la división de poderes. Hoy no se cuestionan. Quedó la organización del Estado en tres niveles: el municipal, el provincial y el central. Hoy el poder provincial se encuentra reabsorbido por la nueva estructura autonómica. También quedó la obligación estatal de la instrucción pública para todos los ciudadanos, bandera que luego recuperarían los republicanos de los siglos XIX y XX. De igual modo, la norma de pagar impuestos según la riqueza de cada uno no se cumpliría hasta nuestra actual democracia, hasta la implantación del IRPF en 1979. ¡Así de largos y lentos son los avances sociales! Como el sufragio universal, que entonces excluyó a las mujeres pero que dejó sentada la posibilidad de conquistarlo en 1931.

 

 

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